Tiempo de lectura aprox: 3 minutos, 30 segundos
Gran parte de la absorción de nutrientes se produce en el intestino delgado y grueso. Factores como la alteración del pH intestinal puede afectar la absorción de nutrientes.
Lo que comemos puede ser muy importante para nuestra salud, pero lo que absorbemos también lo es.
La absorción es el proceso por el cual obtenemos los nutrientes de los alimentos.

Obtener la cantidad equilibrada de nutrientes que necesitamos nos puede ayudar a mantener un buen estado de salud.
La absorción de nutrientes se realiza gracias a la acción de varios órganos y sistemas de nuestro cuerpo.
El intestino: parte fundamental en la absorción de nutrientes.
Nuestro intestino delgado es el lugar del cuerpo donde se absorben gran cantidad de nutrientes.
Asimismo, en el intestino grueso también se realiza parte de la absorción de nutrientes.
Una vez absorbidos, los nutrientes pasan al torrente sanguíneo y son transportados a todas las zonas de nuestro organismo para diferentes funciones.

Por ejemplo, los nutrientes se pueden utilizar para producir energía, formar células, reparar tejidos y regular el metabolismo, entre otros.
La absorción de nutrientes en el intestino depende de varios factores, existiendo algunos que la favorecen y otros que la perjudican.
Por ejemplo, algunas enfermedades crónicas -como la celíaca- pueden afectar este proceso.
Asimismo, el pH del intestino puede influir en la absorción de nutrientes.
Absorción de nutrientes y el pH del intestino.

Todos hemos oído hablar del pH, pero quizás no sabemos bien lo que es. En resumen, el pH es la unidad para medir lo ácido y lo alcalino.
El intestino tiene su propio pH, y que tan ácido o alcalino sea puede influir en la absorción de nutrientes.
De esta manera, existe un rango de pH ideal en el intestino delgado y grueso para favorecer este proceso.

En general, se habla de que el pH del intestino delgado varía entre 5 y 7, es decir, levemente ácido.
Por otro lado, en el intestino grueso el pH varía de 7 a 8, es decir, levemente alcalino.
Por lo tanto, un pH intestinal muy ácido o muy alcalino puede afectar la absorción de nutrientes.
pH intestinal: ¿qué factores lo desequilibran?
En primer lugar, la alimentación.
Una dieta balanceada y saludable puede ayudarnos a mantener en equilibrio el pH del intestino y, por lo tanto, no afectar la absorción de nutrientes.

Sin embargo, un alto consumo de alimentos ultraprocesados puede alterar el pH del intestino y afectar la absorción de nutrientes.
Por ejemplo, los compuestos químicos y el azúcar añadida de estos alimentos pueden acidificar el pH y, eventualmente, dañar las paredes del intestino y perjudicar la absorción.
En segundo lugar, las bebidas.

El exceso de bebidas de fantasía, alcohol y cafeína también pueden alterar el pH del intestino y afectar la absorción de nutrientes.
De manera similar a lo que puede ocurrir con los alimentos, estos tipos de bebidas pueden acidificar el pH y perjudicar la absorción.

Además, fumar también puede alterar el pH del intestino y afectar la absorción de nutrientes.
El humo puede irritar e inflamar el revestimiento del intestino y perjudicar la absorción de nutrientes.
Siempre con ayuda médica.
Si te preocupan tus niveles de nutrientes, lo mejor es acudir con un médico especialista para que pueda examinar y tratar si es necesario.

El déficit de nutrientes puede conducir a distintas enfermedades y problemas de salud.
Por ejemplo, el déficit de hierro es una de las causas principales de anemia en todo el mundo.
Para revertir el déficit de hierro y/o tratar la anemia, es fundamental acudir a un médico especialista.
¿Conoces Globifer?

Globifer es un suplemento alimentario de hierro hémico formulado para suplementar la dieta con fines saludables.
El hierro hémico presenta mejor absorción y tolerancia en el tracto intestinal.
Suplemento alimentario. Su uso no es recomendable para consumo por menores de 8 años, embarazadas y nodrizas, salvo indicación profesional competente y no reemplaza a una alimentación balanceada.
Este contenido es con fines informativos y no reemplaza la consulta con un médico especialista o un profesional especialista en alimentación.

